El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Quienes brindamos este testimonio somos Sergio y Claudia, padres de Tadeo, nuestro tercer hijo, de dos añitos de edad, a quien el día 26 de marzo de 2007 le diagnosticaron SUH y fue internado en la terapia intensiva del Hospital Británico, a cuyos médicos y enfermeras no tenemos más que agradecerles por haber salvado la vida de nuestro hijo. Si bien Taty es nuestro tercer hijo, lo que normalmente permitiría a la mayoría de los padres ser más relajados en la crianza y menos temerosos que con el primero, no tuvimos esa suerte, porque de pequeño era alérgico a la leche de la vaca, provocándole ciertos trastornos intestinales, situación que fue madurando con el tiempo y que recién ahora a los dos años podíamos decir que se había normalizado definitivamente. Con esto quiero decir que él siempre fue extremadamente cuidado con su alimentación, siempre se le dio comida sana, mucha variedad en proteínas, frutas y verduras, pero en general y esto no por él, en casa se consume muy poca carne de vaca.

Lo cierto es que el día sábado 24 de marzo de 2007, Tadeo comenzó a tener diarrea con hilos de sangre. Inmediatamente llamamos a su pediatra quien nos recomendó ir en forma urgente a la guardia del hospital a fin de que le hicieran un coprocultivo, lo que efectivamente hicimos. Cuando llegamos al hospital Tadeo pidió nuevamente ir al baño y allí mismo solicité un frasco para tomarle la muestra (todavía no habíamos sido atendidos por el médico de guardia pues había mucha gente). A esa altura, Taty ya hacía diarrea mucho más acuosa y sanguinolenta. Sin embargo la médica de guardia le diagnosticó gastroenteritis y nos envió nuevamente a casa. Durante el resto del sábado parecía estar bien hasta la noche en que comenzó a tener fuertes retorcijones en el vientre. Pasó una mala noche despertándose varias veces, para ir al baño y una de las veces vomitó. El domingo como había empeorado lo volvimos a llevar al hospital donde sí esta vez quedó internado.

Tadeo comenzaba a decaer cada vez más. Su personalidad inquieta y alegre se había desvanecido por completo. Mientras nos internaron en la guardia y le extrajeron sangre a fin de analizarla, Tadeo pidió ir al baño más de seis veces en una hora aproximadamente. Los análisis de sangre dieron bien, pero el médico nos advirtió que podían revertirse, razón por la cual ya nos internaron en una habitación de pediatría. Desde entonces Taty no dejaba de pedir ir al baño y como se estaba deshidratando le colocaron suero. Taty estaba cada vez màs exhausto y como recientemente había dejado los pañales cuando el ofrecía la pelela se negaba. Así estuvo toda la noche de domingo a lunes, hasta que luego de la deposición treinta y pico pues perdí la cuenta, se resignó a usarla, mientras todavía podía disponer de sí mismo. Nosotros teníamos la esperanza de que esta supuesta espantosa grastroenteritis iría cediendo. Sin embargo era cada vez peor, y los médicos estaban pendientes de si hacía pis, y observamos que el poco pis que venía haciendo se estaba convirtiendo en color rojizo.

El gordo también vomitó.. con hilos de sangre. Llamaron a un cirujano para descartar alguna patología quirúrgica pero no. Repitieron el laboratorio y allí encontraron que bajaron las plaquetas, los hematocritos, subió la urea, etc. Era lunes por la noche y la médica nos informó que el cuadro se había agravado, si bien aún no contaban con el resultado del coprocultivo tomado el día anterior, todo indicaba un síndrome urémico hemolítico y debían internarlo en terapia intensiva. Así fue que al entrar en terapia Taty se agravó. Dejó de orinar. Le hicieron un nuevo laboratorio muy tarde y dio mucho peor. Al cabo de unas horas le volvieron a sacar sangre y el resultado fue que en menos de doce horas Tadeo había triplicado los valores de laboratorio.

El cuadro era gravísimo pues no había ningún remedio, ninguna vacuna, absolutamente nada que pudieran darle. Sólo sostenerlo paliativamente y esperar que él aguantara esta espantosa enfermedad que se había apropiado del cuerpo de nuestro hijo. El médico trataba de explicarnos lo inexplicable para una madre, que nuestro hijo se podía morir, que temían no poder sostenerlo por la rapidez con la que avanzaba la enfermedad, pues en otros casos, la evolución de la enfermedad tarda varios días en diagnosticarse, no era nuestro caso. A Taty le colocaron pañales, lo conectaron a cuanta máquina había en ese lugar, él ya no podía hablarnos pero sí estaba conciente de todo y con su chupete en la boca medio dormido medio despierto nos vigilaba para que no nos fuéramos de su lado, cosa que jamás hicimos.

Todo parecía una pesadilla. ¿pero si hacía un día y medio atrás estaba jugando con sus hermanitos en casa? ¿qué estaba pasando? Nosotros habíamos escuchado hablar del SUH pero no teníamos idea de cómo se manifestaba, de qué provenía exactamente, cuáles podían llegar a ser las consecuencias de la enfermedad y por supuesto, lo hemos aprendido a fuerza de vivirlo. Logramos vislumbrar que los médicos y las enfermeras intentaban ser cautos pero cada cosa que nos decían nos destrozaba cada vez más. A partir de allí los laboratorios eran cada vez peores, llegó un día en que no preguntamos más pues nos quitaba fuerzas para darle a nuestro hijo y lo más importante que hicimos fue no rendirnos nunca y darle siempre ánimo, lo que le dio fuerzas para soportar todo lo que se vino. Hubo que dializarlo más de diez horas diarias durante diez días. Fue tres veces a quirófano, para poner la cánula, cambiarla cuando se tapó al segundo día de diálisis y luego para extraerla. Tenía 180 de taquicardia casi constante durante más de doce o trece días. Llegó a picos de presión arterial altísimos que aún con medicación no la podían bajar, estuvo a punto de covulsivar. Debió recibir una transfusión de plaquetas y tres transfusiones más de sangre.

Los médicos dicen que llegó a tener compromiso neurológico. Recuerdo en particular una enfermera que durante las siete horas que duraba su turno no paraba de trabajar entre las diálisis, los controles y todo el trabajo que le demandaba cuidar un enfermo de estas características, a ella le dije que no tenía palabras para agradecerle todo lo que estaba haciendo, y ella inocentemente me respondió “ojalá sirva de algo”, a lo que yo enfáticamente le dije que sí iba a servir y que Tadeo en persona se lo agradecería aunque ahora no podía hablarle. Los 16 días de terapia intensiva fueron dramáticos con excepción de los últimos en los que comenzó su lenta recuperación. La enfermedad es invasiva y afecta todo el organismo de los niños afectados. Recién después de tres semanas el Instituto Malbran nos informó el resultado del coprocultivo que al principio daba negativo y se nos informó que efectivamente tenía la bacteria escherichia coli, la 111 que no era tan frecuente, derivada en el tipo dos, que según se nos informó era la más grave.

Tadeo finalmente se salvó y está con nosotros. Gracias a su fuerza de voluntad, a los médicos y enfermeras del Hospital Británico y gracias a Dios. Tadeo volvió para agradecerle a la enfermera aquélla que tanto trabajó y a toda la gente del equipo. Ahora solo debemos hacer una dieta estricta para cuidar sus riñoncitos, pero él volvió a jugar con sus hermanos, a sonreir ya a tener un vida normal. Ahora solo nos queda cumplir las promesas hechas, a Dios y a él mismo.