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El 17 de diciembre de 2006 estábamos viajando en un avión de pasajeros desde Puerto Madryn, provincia de Chubut hacia Capital Federal, con nuestra pequeña hija SOL de un año y cuatro meses. La noche anterior, su pediatra nos dijo que había hecho el SUH.

Solcito había comenzado a fines de noviembre con diarrea y la habían visto tres pediatras y una pediatra especialista en nefrología. A quienes no nombramos porque no queremos ni siquiera recordarlos. El resultado del coprocultivo que le hicieron el miércoles 13 de diciembre, cuando comenzó con diarrea con sangre, dio “escherichia coli no entero patógena”, ese día nos tranquilizamos porque sabíamos que no era “la mala”. Al otro día con un nuevo análisis con leucocitos altos, su pediatra nos entregó en su consultorio una muestra de cefalexina, comenzamos a dársela el jueves 14 y el sábado 16 Solcito dejó de hacer pis, por la tarde su pediatra nos indicó los análisis de sangre que dieron el diagnóstico. Pasamos internados una noche en “habitación común”, con la difícil tarea de restringir líquidos a una beba que tomaba el pecho y en ese momento lo necesitaba más que nunca. Luego de esa noche en vela, desesperados, decidimos viajar. “Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires”.

Llegamos el domingo a las 14 horas a la guardia del Hospital Italiano, nos atendieron y porque allí no había cama nos derivaron al Instituto “Fleni”, sede Belgrano. En el Fleni, gracias a Angélica – encargada de derivaciones de nuestra obra social, quien desde hace muy poco tiempo brilla desde el cielo -, Sol recibió “la debida atención médica” por parte del Dr. Juan José PIANTANIDA y todo el equipo de médicos pediatras y demás especialistas, enfermeros/as, mucamas. Estuvo en terapia, recibió diálisis peritoneal durante seis días, dos transfusiones de sangre y la visita de Papá Noel. La historia, que debería haber sido una pesadilla, es la misma que muchos de ustedes también vivieron y sufrieron.

El día de reyes volvimos a Puerto Madryn. Hoy, gracias al equipo médico, a DIOS, a la VIRGEN MARIA, a la VIRGEN DE LUJAN, a la MADRE MARAVILLAS, a los ANGELES y a todos los SANTOS, a quienes les rezamos junto a muchísimos familiares y amigos, SOL con sus dos años y cinco meses volvió a ver a Papá Noel la noche de navidad, esta vez en casa de sus abuelos. Está muy bien, con su función renal normal y no ha quedado hipertensa, con control por parte de las Dras. Marcela Boscardín, nefróloga infantil y Andrea Suppo, pediatra. Continuamos, toda la familia - porque nos hemos acostumbrado, aunque al principio, como a todos, nos pareció imposible-, con dieta hiposódica y baja en proteínas. No sabemos cómo pudo desarrollar la enfermedad ¡Son tantas las vías de contagio!… Íbamos los tres a matronatación…, vivimos en la costa y unos días antes, sus primeros días de playa, había comenzado a conocer la arena -esa que personas y animales ensucian y nadie limpia- “comiéndola”…, por otra parte, resulta imposible saber si los lácteos han conservado la cadena de frío desde el lugar de elaboración -Buenos Aires-, distante a 1.500 kilómetros de nuestra ciudad, hasta que llegan a nuestra casa. Nunca comió hamburguesas ni carne picada.