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Mis hijos son el mejor regalo que me ha dado la vida.
Regalo que no me pertenece ya que, como dice Khalil Gibran, siento que debo ser para ellos “el arco del cual mis hijos, como flechas vivas son lanzadas. Y la inclinación en mi mano de arquero debiera ser para la felicidad”.
Pero uno cree que los hijos son eternos, son invulnerables, y entonces proyectamos una vida organizada, muy “ordenada”.
Y puede pasar que un día, en un instante, una enfermedad cambia todo eso, porque se instala en la familia, en un hijo, en MI hijo y “nada ni nadie puede impedir que sufran”.
Lucas tenía 1 año y se enfermó.
Comenzó el 20 de diciembre de 1996 con una diarrea que no se le iba con la dieta que se debe hacer en estos casos. Durante 2 días recorrimos distintas guardias de hospital porque veíamos que no mejoraba y tampoco podíamos lograr que tomara el líquido necesario para hidratarse, pero nos decían que era una diarrea que en verano se da normalmente. Al tercer día comenzó con diarrea sanguinolenta. Estuvimos muy bien asesorados por su pediatra, Dr. Omar Loguzzo, que nos indicó que había que internarlo para hidratarlo y hacerle estudios, pero tuvimos que esperar tres días para lograr que lo internaran. Su estado físico ya estaba deteriorado. Y su diagnóstico nos fue dado a las pocas horas de internación: Síndrome Urémico Hemolítico.
Una enfermedad de la que habíamos escuchado “casi nada” y que nunca se nos ocurrió que nuestro hijo podría tenerla.
El día anterior jugaba, sonreía, regalaba alegría.
Y ese día estaba en la terapia intensiva del Hospital Británico. Con diálisis, transfusiones, con un deterioro físico que dolía en su cuerpo y en mi alma, sin saber siquiera si sobreviviría a tanto maltrato.
Estuvo un mes peleándole él solo a la enfermedad, y fue Muy Valiente. Le costó mucho reponerse. Agradezco a todos los profesionales del Hospital que lo atendieron durante ese período.
Hoy Lucas tiene 9 años y tiene una insuficiencia renal crónica. Hace una dieta baja en proteínas y toma una medicación. Sigue jugando, tiene una sonrisa hermosa, sigue regalándonos alegría y es aún muy valiente.
¿Cómo se contagió Lucas el SUH?. Ni su papá, ni yo, ni los médicos lo sabemos. Pero sé que si hubiéramos sabido evitar todo esto que vivió Lucas, lo habríamos hecho.
Formar parte de LUSUH es, para mí, intentar que no haya otros Lucas que sufran una enfermedad que puede prevenirse y que tantas huellas de dolor deja.